Conocido por su proteccionismo, Brasil sufre en el comercio global los efectos del mismo antídoto contra productos extranjeros en su mercado nacional, según se desprende de un informe realizado por la Confederación Nacional de la Industria (CNI) que apunta que Brasil deja de vender anualmente por valor de 20.000 millones de dólares debido a 13 barreras comerciales que sufre en el mundo.

El valor calculado por la patronal de los industriales brasileños equivale al 10% del total del valor exportado por Brasil en 2017, e incluye desde restricciones técnicas a las sanitarias.

Entre los ejemplos más emblemáticos, se encuentra el famoso ‘pao de queijo’ (pan de queso), que únicamente puede entrar en la Unión Europea si el fabricante brasileño compra la leche en Uruguay, único país reconocido por el bloque europeo en temas lácteos.

En otro caso, Nigeria, uno de los principales suministradores de petróleo para Brasil, no compra carne bovina ni derivados porque quiere estimular su producción doméstica. México, por su parte, no acepta electrodomésticos fabricados en Brasil, mientras que los cuadernos, embalajes, etiquetas y sobres sufren unas grandes exigencias a la hora de entrar en Argentina, el mayor socio comercial brasileño dentro de Sudamérica.

Por otro lado, la pasta brasileña no entra en Japón, mientras que para ingresar a los Estados Unidos con leche y derivados, únicamente puede hacerse con cuotas. Según la CNI, la lista de barreras detectadas contra los productos brasileños debe multiplicarse próximamente por diez, gracias a un sistema informatizado de control que será lanzado en las próximas semanas.

Según explicó a Xinhua una de las autoras del informe, Constanza Neri, las barreras no son tarifarias, y sí técnicas o sanitarias, y resaltó que Brasil dejó de exportar casi US$35.000 millones en 2017 por todos los obstáculos que impiden el acceso de las mercancías brasileñas.

“En la lista identificamos 13 barreras, con restricciones impuestas por varios de los principales socios comerciales de Brasil, como la Unión Europea, Estados Unidos, Argentina y Japón, además de la India, México y Nigeria. Estas medidas, que pueden ser sobretasas, cuotas o precios mínimos, dependiendo de la situación, afectan algunos de los principales productos de las exportaciones brasileñas, como el azúcar, las carnes, electrónicos y el zumo de naranja”, dijo Neri.

Según ella, el aumento de las barreras no tarifarias se produjo a partir de la reducción gradual de las tarifas de importación en el mundo, ya sea por la proliferación de acuerdos de libre comercio o por la limitación impuesta por la Organización Mundial del Comercio (OMC). La tarifa máxima de importación de productos industrializados, por ejemplo, es del 35%.

“Este estudio pone de manifiesto que tanto el gobierno como el sector privado necesitan mucha coordinación para lograr mejores acuerdos para Brasil y poder reducir las barreras que enfrenta ahora mismo el país en muchos países para vender sus productos”, resaltó.

El gobierno brasileño lanzó a finales de 2017 el Sistema Electrónico de Control de Barreras, el SIN Barreras, que permite identificar medidas proteccionistas que afectan los productos del país.

“Por medio del sistema, es posible una actuación más eficiente de los órganos del gobierno”, comentó el especialista en comercio internacional de la Fundación Getulio Vargas (FGV) Joaquim Neto, quien recordó que las barreras a las exportaciones, ya sean tarifarias o no, dificultan el acceso a los mercados externos, con impactos que inviabilizan las exportaciones.

Para Neto, Brasil tiene que adaptar el sector productivo y perfeccionar sus productos, servicios y procesos, y contar con la ayuda del gobierno en la defensa de los intereses de los exportadores ante los países que aplican las restricciones.


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